En el sexenio del Presidente Calderón, la cifra de homicidios es
equiparable a la de fallecimientos por accidentes viales. Según la Organización
Mundial de la Salud, los accidentes de tránsito son la principal causa de
muerte en personas entre los 5 y 29 años de edad, y en los países de ingreso
medio mueren más personas a causa de accidentes de tránsito que por diabetes,
hipertensión o tuberculosis.
Cuando comparamos a México con otros países en este tema, no somos de los
peores pero estamos lejos de ser un país “cauteloso al volante”. Muertes por
accidentes viales en cada 100 mil habitantes hay: 30 en Sudáfrica, 20 en
México, 13 en Estados Unidos y 5 en Suecia, Noruega y Suiza.
Algunos expertos han mostrado que los
costos de los accidentes viales superan el punto porcentual del PIB del país. La
cuestión no es meramente material: además de los daños a vehículos e
infraestructura, están los costos hospitalarios, los costos de incapacidad del trabajador,
los costos legales y administrativos (Juzgados y Ministerios Públicos) y, por
último, el valor económico y social que la persona hubiera podido generar si
hubiera vivido, sobretodo considerando que los que mueren son, en su mayoría,
jóvenes.
Las causas son conocidas: manejar
bajo la influencia del alcohol, exceso de velocidad y distracciones, como lo es
hablar por teléfono celular. Se sabe, también, que la mayor parte de los
accidentes suceden en fin de semana.
En México, el estado con más
accidentes en carreteras federales es Veracruz, mientras que una de las
carreteras federales más transitadas es donde más accidentes hay: la México-Puebla.
Entre los mexicanos, hay más muertes por accidentes automovilísticos que por
desnutrición, VIH/Sida o cáncer de mama; son más los hombres que mueren que las
mujeres; al tiempo que somos uno de los países que más puentes peatonales tiene
pero donde éstos menos se utilizan. Y sí, el famoso número de homicidios entre
2006-2012 (más de 100 mil) es equiparable a los casi 90 mil muertos por
accidentes viales entre 2006 y 2011.
El alcoholímetro en la Ciudad de
México y ahora en otros estados, el uso del cinturón de seguridad, la mayor
seguridad de los autos y el patrullaje en algunas carreteras han ayudado. Pero
aún falta mucho para disminuir la mortandad absoluta.
En México sigue siendo socialmente
aceptable tomar y manejar; miles de niños viajan en el asiento de adelante del
auto ó sin silla especial (siendo que esto causa la suspensión de la licencia
en otros países); la mayoría de las personas tenemos licencia de conducir sin
haber pasado ningún examen de manejo -mi licencia incluso es de carácter
permanente- y los límites de velocidad, salvo cuando hay cámaras, son una mera
sugerencia.
Problemas tenemos muchos, pero pocos cuestan vidas, tantas, y de una
forma tan remediable. Sí necesitamos más reglas en este ámbito pero sobretodo programas
que nos lleven a acatarlas. Lo que queremos todos –aunque nos cueste en lo
individual- es un país con Estado de Derecho donde las reglas se sigan y se
privilegie la vida propia y la de los demás.
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