(imagen del blog de David Wolfe)
Esta valiosa reflexión me lleva a mencionar que, el que existan lectores electrónicos no implica que los libros impresos vayan a dejar de existir. Ni las videocaseteras desplazaron al cine, ni los aviones a los trenes, pero si plantearon nuevos dilemas.
En el pasado los cuellos de botella de la lectura eran: la capacidad para imprimir masivamente, la creación de contenidos y la distribución. Sin embargo, la era digital cambió las reglas del juego y ahora el recurso escaso es la atención del lector (recurso limitado y no renovable). Es un hecho que la industria editorial sufrirá cambios importantes y el desenlace es impredecible.
¿Seguirá habiendo libros en 20 años? Yo creo que sí, aunque serán una opción entre muchas otras. Y, si finalmente nos quedamos sin libros, a pesar de la nostalgia, tendremos que reconocer que fue porque así lo decidimos los consumidores.

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