Por los jardines de Los Pinos iban caminando Felipe Calderón y su fiel compañero Ernesto Cordero.
Después de un rato de andar en silencio, pensativo, el Presidente se detuvo y le dijo a su colaborador: -Ernesto... -Dime, maestro. -Cuando me desempeñaba como director de Banobras y estalló el escándalo por el autopréstamo que me di para una casa, tú estabas a mi lado, ¿verdad? -Sí, Presidente, recuerda que yo era tu director de Administración Integral de Riesgos. -¡Claro! Y luego cuando era secretario de Energía y Vicente Fox me despidió, tú te mantuviste junto a mí, siendo parte fundamental de mi equipo, ¿no es así? -Bueno, señor, yo no sé si tanto como que fundamental, pero sí, yo era y sigo siendo uno de tus incondicionales. En ese entonces era subsecretario y en cuanto te despidieron, yo me fui contigo. -Entonces nos fuimos a la campaña. En esos días en que enfrentamos la guerra sucia de nuestros propios compañeros del PAN y tú, Ernesto, te mantuviste fiel pese a todo. -Caray, Presidente, no quiero pecar de falsa modestia, pero, pues sí, en esos días en que nos tocó combatir a los enemigos de la causa dentro de las filas del PAN, yo estuve todo el tiempo pegado a ti como coordinador de Políticas Públicas de tu equipo de campaña. -Una vez que ganamos las elecciones, haiga sido como haiga sido, Ernesto, me acompañaste a lo largo de esos meses difíciles, dolorosos en los que el país se dividió, nos acusaron de fraude y, por poquito, nos impiden tomar posesión de la Presidencia. -En efecto, mi adorado Presidente, recuerdo que estaba yo sentado a tu lado cuando nos enteramos de que Andrés Manuel iba a instalar su plantón en Paseo de la Reforma. En ese momento, tu mano estrujó la mía. -Híjole, Ernesto, vaya que tenemos una larga historia, pues fue contigo con quien decidí lanzarme a la guerra contra el crimen organizado. -Claro, mi señor. Yo estaba ahí cuando tuviste esa genial idea y diste las órdenes para llevarla a cabo. -Y después, Ernesto, te hiciste cargo de Hacienda justo en medio de la peor crisis económica de los últimos años. Te tocó ver cómo se disparaba el precio del petróleo, se nos derrumbaba el peso, las bolsas de valores se caían y el mundo entraba de nuevo en recesión. -Sí, mi adorado maestro, en todo eso he estado a tu lado. -¿Sabes una cosa, Ernesto? -¿Qué, mi Presi? -A mí se me hace que tú eres... -¿Qué, señor, qué? ¿El candidato? ¿El bueno? ¿Tu delfín? ¿El elegido para sucederte y continuar tu legado? -No, cabrón, tú eres... ¡el que me trae mala suerte! Yo no sé si la historia anterior es cierta, pero lo parece. Al menos a mí, no sé a ti, a veces me da la impresión de que Felipe Calderón se está desquitando de algo con Ernesto Cordero. De otra manera no entiendo cómo es posible que le siga haciendo creer que puede ser un buen candidato a la Presidencia y, sobre todo, ¡ganar!, cuando en realidad no convence ni a un espejo. ¿O tú si le ves cara de Presidente a Ernesto Cordero? Yo tampoco.

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