4 de noviembre del 2009, Residencia Oficial de Los Pinos:
El presidente Felipe Calderón recibe a 11 politólogos para rebotar con ellos sus ideas para una reforma política.
Lo acompañan Fernando Gómez Mont, secretario de Gobernación; Juan Molinar, secretario de Comunicaciones y Transportes; Alonso Lujambio, secretario de Educación Pública; Patricia Flores Elizondo, jefa de la Oficina de la Presidencia; Luis Felipe Bravo Mena, secretario particular del Presidente, y Alejandro Poiré, subsecretario de Población de la Secretaría de Gobernación, quien se ha convertido en el principal impulsor de la iniciativa gubernamental.
Fue Poiré quien, durante la última semana de octubre, llamó personalmente al grupo selecto de politólogos invitados a la reunión con el Presidente: María Amparo Casar, Denise Dresser, Federico Estévez, Jesús Silva-Herzog Márquez, Soledad Loaeza, Carlos Elizondo Mayer-Serra, Gabriel Negretto, Juan Pardinas, Federico Reyes Heroles, Jeffrey Weldon y José Woldenberg.
En un comunicado de Los Pinos difundido muy noche aquel 4 de noviembre informa que la reunión tuvo por objeto intercambiar puntos de vista sobre las transformaciones que requiere el país en materia política.
Lo cierto es que la reunión, citada a mediodía para durar dos horas, se prolongó hasta la tarde y ocupó al menos la mitad de la agenda presidencial de ese día. Según algunos asistentes, Calderón lucía muy interesado en el tema, de buen humor y hasta emocionado por conocer de primera mano la opinión de aquellos a quienes cotidianamente lee en los periódicos. Tanto, que la reunión duró más de cuatro horas.
En un momento del encuentro, el Presidente habló de la segunda vuelta y dijo que él, de alguna manera, era una víctima de que México no tuviera este mecanismo en sus leyes, pues le hubiera ahorrado muchos dolores de cabeza derivados de lo apretado de su triunfo frente a Andrés Manuel López Obrador en el 2006.
Se habló de reelección consecutiva de diputados federales y locales, de senadores y de presidentes municipales. Se habló de iniciativa preferente, de iniciativa ciudadana y candidaturas independientes, de partidos pequeños, del derecho del Poder Judicial a presentar iniciativas.
Prácticamente los diez puntos de la iniciativa presentada por Calderón el 15 de diciembre fueron tocados en esa reunión. Además de otros que el Ejecutivo no recogió en su proyecto.
Los asistentes afirman que, más que recopilar ahí las ideas para confeccionar su iniciativa, lo que hizo el Presidente fue presentar en sociedad –aunque sólo ante un público muy selecto– la propuesta que parecía ya tener en su escritorio. Un proyecto preparado con antelación en la oficina de Poiré, a quienes todos ubican como el artífice de la reforma.
Licenciado en ciencia política del ITAM con maestría y doctorado en Harvard, Poiré comenzó el sexenio de Calderón como director general de análisis político de la Presidencia de la República; cuando Juan Camilo Mouriño fue secretario de Gobernación, lo nombró comisionado de Desarrollo Político de Segob, y a partir del 26 de mayo pasado fue nombrado subsecretario de Población, Migración y Asuntos Religiosos.
Presentada la iniciativa, en las últimas horas Poiré ha sido el portavoz del gobierno en el tema. Saltó del debate sobre la cédula de identidad ciudadana a la defensa de la reforma política sugerida por Calderón.
Pero, ¿qué deja ver este encuentro de Calderón con politólogos?
Primero y más importante: que el Presidente decidió cabildear primero con formadores de opinión pública, que con el Congreso.
Hasta el momento no se sabe de alguna reunión en la que Calderón haya buscado el apoyo del PRI o del PRD a su iniciativa. Es probable que los panistas tampoco conocieran el proyecto, pues a sus legisladores parece que los agarraron fuera de base (como es costumbre).
Al estilo Fox, el presidente Calderón optó por dar el debate en los medios, antes que en las cámaras del Congreso. No falta mucho para que comiencen a difundirse spots de radio y televisión promoviendo la iniciativa presidencial.
Contrario a lo que había prometido en su campaña y en el periodo de transición, el Presidente no está haciendo política "a nivel de cancha", tú a tú con cada uno de los legisladores que necesita para aprobar su reforma. No, está ganando adeptos en la opinión pública que podrán comentar bien su iniciativa, pero no la votarán.
Segundo: deja ver que el Presidente tenía un proyecto desde principios de noviembre. Es lógico que no lo presentara antes del 15 de ese mes, pues se estaba debatiendo y votando el Presupuesto de Egresos, pero ¿por qué esperar un mes para enviarla? ¿Por qué no presentarla entre el 15 y el 30 de noviembre, cuando el Congreso estuviera todavía en sesiones ordinarias? ¿Por qué el 15 de diciembre?
Aparentemente, por las mismas razones por las que decidió cabildearla con líderes de opinión antes que con líderes partidistas: para ganar el debate mediático.
Ya se verá en el 2010 si Calderón también está dispuesto a dar el debate legislativo o si, como ocurrió con su reforma fiscal de septiembre, deja que su iniciativa muera entre la apatía priista, el rechazo perredista, la inoperancia panista, la guerra contra el narco, la crisis o la fiesta del Bicentenario.
¿Hará como Obama, que decidió jugarse su gran capital político en su reforma sanitaria?, ¿o decidirá resguardar su resto, que ya no es mucho?


