Con sueldos de alrededor de 160 mil pesos mensuales, más otras muchas prestaciones, 500 diputados y 128 senadores mexicanos, deberían ser mucho más productivos.
No es posible que ganen esos enormes sueldos, sufragados por los contribuyentes, con productividad tan baja; y a los que hay que añadir los salarios del séquito de ayudantes, secretarias, choferes, comidas, gastos médicos, viajes, etcétera; sin que durante los cinco años pasados hayan sacado las reformas fundamentales que necesita México.
De acuerdo con “The Economist”, los legisladores mexicanos son los mejor pagados de toda América Latina (después de los brasileños) y son los que trabajan menos de 195 días al año.
La revista denuncia que en los últimos cinco años diputados y senadores se han caracterizado por su negativa a aprobar reformas cruciales para el país, lo cual contrasta con los salarios privilegiados que perciben: 11 mil 200 dólares mensuales.
Además, puntualiza: “después de una quincena de fiestas navideñas, los mexicanos volvieron a trabajar hace dos semanas. O más bien, la mayoría de ellos lo hizo. Los 500 diputados y 128 senadores terminarán sus vacaciones en febrero”; y, remata: “cuando votan, lo hacen más para bloquear a los rivales que para aprobar reformas”.
500 diputados y 128 senadores que ganan muchísimo, trabajan poco, y no producen las reformas que necesita el país para el beneficio de todos los mexicanos, por atender sus intereses partidistas.
Su objetivo: bloquear las propuestas (iniciativas) de los partidos contrarios en el Ejecutivo o no, para inhibirles el éxito. Sobre todo en fechas cercanas a elecciones que, al ser prácticamente, permanentes, obstaculizan sistemáticamente las iniciativas de reformas esenciales para México, y por lo que la nación se ha rezagado, frente a Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica y muchos más.
Realmente que poca vergüenza: tantos inútiles, con esos sueldos, tantas vacaciones, y sin hacer su trabajo: legislar por el bien o interés nacional, sólo por estar metiendo zancadillas a los contrarios políticos, mientras al país, se lo lleva el demonio.
¡Carajo! diputados y senadores, no se vale que detengan el progreso de México, por intereses políticos, mientras más de 50 por ciento de esos 112 millones de habitantes están en la pobreza.
Ya por pena, deberían de cumplir con su trabajo, para hacer del país un mejor lugar para todos; no sólo para ustedes.


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