Increíble, la velocidad del ajedrez mexicano: alianzas políticas, apetito voraz, sí, viene el hueso y los perros tienen hambre.
Si analizamos los posibles candidatos a la presidencia de México a la luz de la historia reciente, podemos concluir que las substituciones electorales de personas al frente de la presidencia, no han producido los cambios deseados, mucho menos el bienestar del pueblo.
112 millones de habitantes en manos de una sola persona.
Cada seis años, el títere se marcha abandonando el país en peores condiciones, que cuando se coronó.
¡Ya llegamos vieja!
Los posibles candidatos para el trono, me tienen optimista y emocionado.
Andrés Manuel López Obrador también conocido como la reencarnación del Dr. Jekyll y Mr. Hyde envía señales encontradas, muy desconcertantes, y que, suponiendo, tenga la mejor de las intenciones, su característica de líder mesiánico, podría producir políticas desfavorables en el largo plazo, así como, quizá, su indefinida estancia en la presidencia.
Enrique Peña Nieto, es muy joven y sin experiencia para la presidencia, se le nota inseguro. Su comportamiento dinosáurico de las últimas semanas, así lo demuestra, y no augura un régimen democrático, sino la consolidación de los poderes fácticos. Quizás la voz prodigiosa de la Gaviota, cantando en Los Pinos haga de él un dirigiente un poco más alejado de los grandes monopolios.
Josefina Vázquez Mota, podrá reunir en su entorno a las mujeres, pero no tiene, tampoco, las características de estadista. Se le ve extremadamente tensa; me cae bien, pero siento que con un poquito de presión, terminará con camisa de fuerza en la clínica San Rafael.
De ahí, que el futuro, cualquiera que sea el ganador, será más de lo mismo, pues estaremos depositando nuestro futuro, otra vez, en una sola persona.
Lo necesario es un cambio de sistema. Una nueva república, a través de otra constitución, que señale el sistema de gobierno, ya no presidencial; el plan y programa económico, y el compromiso constitucional con los 52 millones de mexicanos que están en la pobreza para ponerlos al nivel de los otros mexicanos, y, en general, establecer los programas a seguir obligatoriamente.
La persona en la presidencia, cualquiera que ésta sea, es irrelevante para el bien de los mexicanos, y sí para otros seis años de lo mismo, para volver a empezar en el 2018. Ya para ello con un retraso mundial aún mayor.
Podríamos sintetizar este blog en la siguiente oración: no al cambio de personas; sí al del sistema constitucional, para arribar a un régimen de instituciones y programas y no de personas, "que, ahora sí, nos van a salvar."


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