Las imágenes activan el televisor.
La sangre colorea el parque Zuccotti.
Gas pimienta fulmina pupilas en la Universidad de California.
Frente a la irrupción mundial de protestas contra el sistema económico financiero imperante, es viable tratar de aproximarse al tema que nos involucra a todos: la desigualdad mundial de los seres humanos de enormes proporciones.
Podría expresarse que los habitantes del mundo se han cansado del presente sistema económico, vinculado al político, que ha hecho que unos cuantos posean casi todo, y muchos casi nada. Un mundo en el que el capital financiero concentra un poder desorbitante que domina y lacera a gran parte de la humanidad. Pequeños grupos económicos muy poderosos que extraen el dinero de la gente sin la mínima comprensión humana.
Por ello, el mundo da variadas muestras de hartazgo de un sistema económico y político que subyuga a casi toda la población mundial, sedimentado en valores antagónicos a los humanos, tales como honestidad, amor, decencia, respeto, ética, solidaridad, fraternidad, que ha entronizado la riqueza y los bienes materiales como soportes rectores de la vida. En el que las cosas son lo importante y los seres humanos, por decir lo menos, prescindibles.
Un mundo, en el perímetro personal, avasallado por los bancos e insidiosos gobernantes y, en lo colectivo, a través de las políticas económicas de los estados nacionales impuestas por los organismos financieros internacionales que asfixian a las naciones.
Las manifestaciones de los indignados son muestra evidente de este cansancio mundial, si bien todavía sin una estructura ideológica y programática, pero, como señala Lorenzo Meyer, en REFORMA, utopías que abren opciones para un cambio en la naturaleza de la distribución que hacen las autoridades de las cargas y las recompensas producto del esfuerzo colectivo.
Y si bien, el concepto república amorosa, es extraño en el campo de la ciencia política, es indudable, que además o sobre la necesidad de planes y programas gubernamentales, se necesita inculcar la solidaridad y fraternidad con los demás, que apuntalen un nuevo mundo no tan proclive al materialismo e individualismo y sí más fraterno y asentado en valores éticos.
Un cambio de paradigma en la educación y la cultura, que, por supuesto, sin dejar ciencia y tecnología, entronice al ser humano como lo más importante, sobre cualquiera otra consideración material.
Un mundo en el que la vida de los seres humanos no puede estar supeditada a las Bolsas de Valores, y a quienes las manejan, sino, un mundo, en el que el eje sea el bien del ser humano, y no las ganancias sin límite de unos cuantos.
“Hay que humanizar el capitalismo y acabar con la idea de que una cosas es hacer el bien y otra muy distinta es hacer negocios." Richard Branson.


"...Fue precisamente en el año de 1979, cuando la señora Margaret Thatcher resultó elegida como primera ministra del Reino Unido y dos años después se eligió al actor Ronald Reagan como presidente de Estados Unidos
En estos dos países es donde se inició el desmantelamiento del Estado de Bienestar que los europeos habían logrado construir a partir del final de la Segunda Guerra Mundial. Empezaron por reducir los controles a la banca y la aparición de un mercado financiero autónomo del gobierno, que se alejó de la economía real y, sobre todo, se internacionalizó hasta límites insospechados, porque hasta la crisis de 2008 no tuvo límites impuestos por nadie. Lo anterior ocasionó que se creara dinero artificial en todo el mundo.
La revista española El viejo topo da una imagen precisa de lo que está ocurriendo: mientras el Producto Interno Bruto (PIB) de los países del mundo alcanza la cifra de 76 billones de dólares, el mercado de obligaciones alcanza la cifra de 95 mil billones, el valor de las bolsas 50 mil billones y el nuevo producto de los llamados derivados, 466 mil billones, más de seis mil veces el PIB de todos los países..."
Enrique Del Val Blanco, 19/11/2011
Publicado por: Elisa Wastor | 19 noviembre 2011 en 11:06 p.m.
¿Indignados? Bola de hippies, ponganse a trabajar!
Publicado por: Roque | 20 noviembre 2011 en 03:17 p.m.