14 MILLONES de personas trabajan en la economía informal. Es decir, sin sanción alguna. Con absoluta ausencia de las autoridades fiscales.
Al mismo tiempo: DE TRES MESES A TRES AÑOS DE CÁRCEL a quienes trabajan en la economía formal, por no declarar un mes de impuestos.
En efecto, en las reformas que han entrado en vigor en este 2012 se establece que aquella persona que omita una sola declaración mensual informativa al SAT, se hará acreedor a una pena de hasta tres años de prisión.
Vistas estas dos situaciones, puede deducirse, que las autoridades deberían legislar y ejecutar con un mayor sentido de justicia, pues es, a toda luz, inmoral que se sancione con hasta 3 años de cárcel a quien no declare un mes de impuestos; y a quienes no lo hacen nunca, se les aplica el laissez faire, laissez passer.
-Mi buen Armando: aquí está tu dinero de la semana-
14 millones de personas son un universo enorme en la informalidad, es como si fueran dos Estados conviviendo en el mismo territorio. Unos tratados con gran benevolencia, y, otros, procurando su exterminio.
Por un principio mínimo de equidad social, lo que en primer lugar, concluiríamos, es que a esos 14 millones que venden mercancías lícitas e ilícitas en las calles, se les debería “capturar” por el Fisco, y, sólo después, sólo después, imponer hasta 3 años de cárcel para quien omita una declaración impositiva mensual.
Por estar, de alguna manera, vinculado, llamó mi atención, asimismo, la afirmación del sacerdote católico, defensor de indocumentados, Alejandro Solalinde, quien asegura que “LA HIPOCRESÍA Y LA DOBLE MORAL SON DOS RASGOS QUE DISTINGUEN A LOS MEXICANOS, pero que sin duda también tenemos cosas buenas, como la solidaridad.”
Muy cuates, muy cuates, pero a la hora de la verdad, ninguno o, acaso, alguno queda.
-Estoy en el hospital-
-Dile que tienes trabajo, ya habíamos quedado de irnos Acapulco-
-Tú sabes que cuentas conmigo, hermanito del alma-
Muchos abrazos, muchas expresiones de afecto, pero en el fondo: hipocresía y doble moral.
-Hugo es una tipazo, pero…
-Sí, yo lo quiero mucho, y no es por juzgar, pero es un ratero-
Nos las damos de muy afectuosos, de muy amigos, cuando en realidad impera una enorme simulación.
-Eres mi brother-
-Tú también, en lo que te pueda ayudar; ya sabes-
Tal vez no sea cierto eso de que los mexicanos somos muy diferentes a los fríos estadounidenses, ellos por lo menos, te lo dicen en la cara, nosotros somos buenos simulando. Mucho afecto verbal pero en los hechos, muy poco.
-Te quiero guey, lo que necesites-
Muy “modositos” en público, y enormemente perversos en lo privado.
-Hay que llevar una vida de rectitud, compañeros-
-Dame dos millones de pesos, y yo te lo arreglo con mi compadre-
-No existe valor más preciado que la honorabilidad en esta compañía-
-Laurita, no tenga temor, acérquese para acá, no le voy a hacer nada-
-No hay nada más alto que la lealtad-
-¿Y qué cree este pendejo, que le debo la vida por el pinche trabajito que me dio?-
Cuando la falsedad y doble moral, sean menos, acaso seremos mejores.
-Tú sabes lo mucho que te quiero y siempre podrás contar conmigo-


Verdad inexorable, que, no obstante ser peculiaridad del humano, en nuestra nación (mexicana) es estructural en las relaciones sociales.
Máxime por hacerse alarde de sinceridad e íntegra moral, cuando, en esencia, se actúa en sentido inverso.
Existe enorme simulación y doble moral en el cuerpo social mexicano. No es cierto que somos lo que muchas veces expresamos estentóreamente.
Publicado por: Marcelo al Habib | 18 febrero 2012 en 10:29 a.m.
Es verdad Don Alonso:¡Cómo somos farsantes?
Publicado por: Emily | 18 febrero 2012 en 11:50 a.m.
Y, no sin excepciones, no sólo farsantes, sino tornadizos y rastreros. Eso sí, como apunta Solalinde: solidarios, cuando el asunto es grave: terremotos, unundaciones, etc.
Publicado por: Patricia | 18 febrero 2012 en 01:31 p.m.