-Ya tenemos todo- me dijo el productor.
Salimos a la zona de Liberty City.
Esta es una de las zonas más peligrosas de Miami.
Buscábamos un grafiti.
La imagen que queríamos de fondo tenía que ser tétrica.
Dimos varias vueltas.
Encontramos una pared con una calavera de dientes torcidos y ojos desorbitados, mejor imposible.
Repasé mi texto y los datos de la asesina.
Mariana, de nacionalidad uruguaya, con la fuerza de un leñador, despedazó el cráneo de su pareja con un hacha.
Historias que son tan macabras que parecen imaginadas.
-Grábalo en plano medio- dijo Arnoldo, el productor venezolano.
-Cuando me escuches decir hacha, la voy a sacar y haré un movimiento, en ese instante, me haces un closeup- le dije a Julio, el camarógrafo.
El hacha era pesada, incisiva, mortal.
Repetimos la escena varias veces, el ruido de la calle era incesante.
Levanté el hacha por lo menos siete veces.
Miradas curiosas asechaban la violenta escena.
Terminamos la primera toma, y seguimos buscando locaciones, para continuar la grabación.
Nos detuvimos en un Burger King.
El restaurante parecía una clínica.
La mujer sentada en la primera mesa tenía las venas reventadas y quemadas.
-Give me a quarter- dijo.
La piel de un hombre parado en la línea, estaba llena de heridas y hematomas.
-I want a double wooper without cheese please-
Entré al baño a lavarme las manos.
Un tipo se lavaba la cara excesivamente, como si tuviese huellas obscenas de algún martirio imaginado.
Nos sentamos a comer.
-Mira qué clase de lugar, yo no quiero estar aquí, para esta gente la vida no vale nada- dijo el cubano a cargo de la cámara.
Me entró un ataque de risa.
Empecé a combinar el humor negro, con las papas fritas.
-Descuartizan a tres por una hamburguesa-
Salimos lo más rápido que pudimos.
Seguimos grabando e intentamos robarle al tiempo minutos y luz.
Todo es la luz al momento de grabar, de vivir.
Llegué a mi casa, salté a la regadera.
El olor del jabón a pepino y té verde, me transportó a los textos del día: madre asfixia a su hija recién nacida; hijos dejan a su padre revolcándose en sus propios excrementos; uruguaya asesina con un hacha a su pareja.
Sonó mi celular:
-Pana-
-¿Qué paso Arnoldo?-
-No encontramos el hacha-
-¿Cómo?-
-Si ya la buscamos, yo creo que la olvidamos-
-¿Estás seguro?-
-Sí, la dejamos en la calle –
-No puede ser-
-Sí, me están diciendo los ejecutivos, que tienes que ir a levantar un acta al departamento de policía, porque si alguien comete un delito con el hacha, están tus huellas-
Tragué saliva.
Por momentos, pensé que era broma.
¿Es en serio?
-Sí-
Sudé.
En cuestión de minutos estaba ya metido en un posible asesinato.
¿Hacia sentido reportarlo?, es como cuando pierdes tu cartera, o te roban el coche, pero ¿un hacha?
Me entró la paranoia.
Sin pensarlo, subí al coche, y regresé al grafiti a buscar el hacha.
La calavera, seguía en el mismo lugar, pero el hacha había desparecido.
-Tengo que ir a la policía- ¡carajo!
En los años que llevo viviendo en este país, nunca he pisado una estación de policía.
No sabía que esperar.
Me dirigí a los cuarteles.
¡Yo no soy un asesino! Me visualicé declarando en un juzgado.
En verdad, ¿qué pasaría si alguien mata a una persona con el hacha que tiene mis huellas?
Sonaba ilógico, absurdo, poco probable, sin embargo la realidad que vivimos demuestra lo contrario, estos acontecimientos suceden todo el tiempo.
La vida humana ha perdido su valor.
Las balas se convirtieron en respuesta, las hachas en abrazos.
Me estacioné.
De fondo, en letras azules: MIAMI POLICE DEPARTMENT.
En lo que subía la rampa, pensaba como le explicaría a la policía lo que había pasado, sin sonar como un maniático.
¿No se les hará extraño que estuviera yo con un hacha en esa zona de la ciudad?
Pero si estaba grabando; yo no hice nada malo.
El remolino de escenarios se apoderó de mí.
Your honor: I´m innocent!
Subí la rampa con prisa.
La puerta estaba abierta, pasé por el detector de metales.
Había un agente en la recepción.
Le empecé a contar lo que había pasado.
La expresión con la que me miraba era entre compasiva y entretenida.
Yo ofrecía argumentos como O.J. Simpson.
-No tiene que hacer nada- dijo.
-¿Qué pasa si alguien mata a otra persona y me echan la culpa?-
-No se preocupe, si usted quiere podemos levantar un reporte, pero no es necesario, porque supongamos que usted es un asesino en serie, y viene con el cuento de que perdió su hacha en una grabación, cuando en realidad viene de matar a alguien-
Lancé una mueca, dándole a entender que yo no era un asesino en serie.
-Además, en el hacha pueden estar sus huellas, las del vendedor, y en dado caso las del asesino-
-Yo tengo la grabación con el hacha-
-No tendrá ningún problema-
Respiré.
-En esa zona no usan hachas sino pistolas- remató el oficial.


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