Iniciaron en México formalmente las campañas electorales de los cuatro candidatos a la presidencia.
El proceso electivo está avasallado por los medios masivos de comunicación, que como deidades (Deux ex machina) procedentes de fuera del escenario, encauzan la situación e influye en las percepciones y sentimientos de los votantes.
Una elección, en la que lo mercadológico, a través, esencialmente, de la televisión, ya con larga experiencia, lleva a cabo una suerte de telenovela político-romántica, en la que, de acuerdo con el video que aquí se muestra, acuerpa y asienta de manera informal al candidato con un halo o entorno de amor, por medio de lo que comentará una bella e inteligente mujer: la esposa del candidato, y actriz querida de muchos televidentes, sobre los que, evidentemente, ejercerá su atractiva influencia.
Es una estrategia, que si habremos de ser sinceros, no está mal en términos del arte de lo político, pues una parte del electorado, ya con medio siglo una percepción intelectiva tele novelesca, procesa en automático de acuerdo con esa realidad creada por las telenovelas, en las que hay dos personajes centrales que, no obstante todas las vicisitudes, por su gran amor salen adelante.
Por supuesto, que dentro de esta táctica, prevalecen la imágenes y los sentimientos, mas que el análisis conceptual y el raciocinio de la ideas, que si bien no se excluyen, se edulcoran. Válido en el terreno de las destrezas políticas, pero inconveniente en el fondo, ya que, como resultaría natural, lo ideal es la clara percepción de los problema nacionales por los electores y las soluciones programáticas de los candidatos, en las que con la mayor precisión y compromiso incuestionable, señalen qué, cómo, con qué y cuándo.
En este escenario, como viene expresando parte de los ciudadanos-electores; de la opinión pública, la presentación escrita y sucinta de los programas de cada uno de ellos, y la defensa de los mismos, por medio de debates con tiempo suficiente, sin prisas, es lo necesario, para, de manera indubitable, afrontar los grandes problemas nacionales y la forma en que se abordarán, ya que la situación del país lo requiere urgentemente.
Dulcificar a los candidatos, como destreza es sublime, pero perverso y enormemente dañino para la sociedad y el país, pues como siempre se dice, es tratar un cáncer con un aspirina, en la que montados en una parábola cabalgamos, si bien en un mundo feliz, lo hacemos al desbarrancadero, que la algarada social nos hará constatarlo tarde o temprano.
Es mejor entrar al fondo de los problemas y sus soluciones, que cabalgar en la fantasía.


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