Como producto de los ires y venires de los cuatro candidatos a la presidencia de México, emergen, en las recientes semanas, posiciones conservadoras, continuistas, frente a las progresistas, transformadoras.
En este orden de ideas llama la atención que quienes por su situación socio-económica, se supondría, debieran simpatizar o concordar con posturas progresistas, que en su propia naturaleza conllevan cambios económicos y sociales en su beneficio, se manifiestan o inclinan por punto de vista conservadores, y que pudiesen conjeturar desconocimiento; temor; deseo de no perder lo poco con lo que se cuenta, o discernir que los cambios pueden traer consecuencias deletéreas.
El conservadurismo sobrelleva posicionamientos que favorecen el statu quo: la inmovilidad; antagonistas de los cambios, probablemente, sin percatarse, que con su conducta, aprueban o dan su conformidad a los privilegiados conductores de la vida social y económica situados en la cúspide de la pirámide, convalidando, así, la dirección social por los grandes organismos económicos y financieros.
Posturas conservadoras que están bien o se puede comprender en los pequeños grupos que controlan la economía: los poderosos, pero desconcertantes, asombrosos, en quienes, subyugados por esa minoría, están temerosos del cambio, o convencidos que no obstante estar mal, “es mejor no moverle”.
El progresismo, por lo contrario, conocido también, como liberalismo, como opuesto al neoliberalismo, sostiene el cambio, la evolución social, las transformaciones y reformas económicas y sociales, como raíz ideológica y programa de acción.
Así, la sociedad mexicana en el 2012, se instala, en una u otra posición, no sin una amplia gradación intermedia, para ver y estar con quienes representan la continuidad apasionada o sosegada de las condiciones socioeconómicas actuales, o con quienes persiguen una mudanza en la gestión y balance socioeconómico del país, concentrado hoy por hoy en unos cuantos “personajes”.
Ambas perspectivas tienen, como es lógico, sus fundamentos: unos cabalmente estudiados y por convenir precisamente a sus intereses, y, otros, producto más, como expresaba, de temores, falta de información; o de simplemente preferir, por mala que sea la situación, no arriesgarse a dar un paso que pudiera conllevar condiciones más justas para todos los integrantes de la sociedad, y no sólo para el minúsculo grupo dominante.
De esta forma se desgranan los apoyos para uno u otros candidatos. Desde la consideración de que la realidad presente les es altamente favorable, y por tanto su voto por la inmovilidad; hasta, a pesar de ser vasallos, aceptarla por no arriesgar la exigua seguridad económica y laboral obtenidas.
Otros, también, por razones de pobreza extrema, y por la que aceptan cualquier cosa a cambio del voto, atrapados en las redes clientelares con sumisión absoluta a las migajas que les lanza en forma obscena la clase dominante.
De esta manera, lo que no es entendible es que quienes tienen información y sufren las consecuencias de un modelo económico depredador, no traten de buscar un cambio que no les puede acarrear más penurias que las que ya “disfrutan”.
Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo...del miedo al cambio. Octavio Paz.


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