Hace unos días, me encontré con el hermano de un amigo que no veía hace mucho tiempo: Shimazaki.
La humedad del trópico se aligeraba con el agua helada que servía la mesera croata con acento cubano.
Me platicó que tiene planeado irse de México para hacer su maestría en ingeniería civil en Tokio.
Me dijo que ya había estado en periodos prolongados en Japón: sus papás son de origen japonés, radicados en México.
A mi pregunta de por qué Tokio, me contestó que por el respeto existente en la sociedad.
-En Tokio, si te tropiezas con alguien en un antro, te hacen una reverencia, en México terminas tuerto o en Gayosso-
-¿Qué me ves hijo de tu pinche madre?-
Fue la pregunta que le hicieron antes de recetarle el botellazo que por poco lo deja ciego.
Me habló de cómo se sentía y por qué ya no quería vivir en México.
Veloz como el niño que pasó en la patineta, recordé que en mi caso, 4 años habían pasado desde que me fui de México.
Todo ello me hizo pensar en lo mal que esta mi país, en donde reina la falta de respeto, las agresiones, y la violencia.
Lamentablemente en nuestro país, el deterioro social es alarmante y constante. Las personas se conducen sin atención alguna para con los demás, como si sólo ellos existieran, atropellando a todos los que a su paso encuentran, bien sea en la calle, en el supermercado, en el metrobús: se tienen vagones sólo para mujeres y ancianos, en donde por lo general no los ves.
-Que se chingue la viejita, yo llegué primero-
Reflexiones que invariablemente me llevan a dos temas: la mala educación, gracias a la maestra Gordillo, y a los nefastos programas de televisión, que desde hace más de medio siglo se han encargado de construir millones seres insubstanciales, sin cultura, violentos, y amantes de la estupidez.
Allá por los años 50, 60, 70 del siglo pasado, me cuentan mis padres, había mucho más respeto y consideración. Hoy todo eso se ha degradado: vivimos una sociedad de desequilibrados violentos.
Ese México, de hace más de medio siglo, y antes, ha dejado de existir, para dar paso, machacando, por la mala educación y la televisión, a una sociedad individualista, banal y pendenciera. A la que sólo le interesa el acopio de “cosas”, repelente a la cultura y a las buenas maneras.
Los gobiernos de México, penosamente, debido a la falta de políticas públicas educativas y culturales han convertido al país en un lugar ramplón en el que no existe el respeto, y en donde avasalla el crimen.
Sayonara Shimazaki.
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