Ayer sucedió algo inusual: recibimos una llamada de Jean Pierre, que se encuentra en una comunidad (Bangaza) haciendo trabajos de construcción para el centro de salud del lugar. Estaba muy asustado, porque una mujer en trabajo de parto completo llegó a donde él estaba. La mujer tenía una hemorragia inmensa. La placenta estaba antes que el bebé y éste no podía salir. Si el trabajo de parto continuaba la mujer seguiría sangrando y los dos morirían. Eran las siete de la noche y a esa hora ya no hay ningún movimiento por cuestiones de seguridad.
La enfermera del centro de salud explicó por teléfono a nuestra responsable de terreno la urgencia de la situación. La responsable llamó al Jefe de misión para solicitar permiso y enviar un vehículo para transportar a la paciente. La respuesta fue favorable y rápidamente el equipo de logistas buscó un chofer que condujera de noche y una enfermera que acompañara a la paciente en el traslado.
El traslado duró aproximadamente tres horas. Durante el camino la enfermera colocó suero a la mujer para tratar de disminuir los signos de shock, que ya se encontraban presentes a causa de la hemorragia masiva. Esa acción mejoró la condición de la futura madre y de su hijo.
Al llegar a Magaria, la paciente fue llevada al hospital de distrito, donde la esperaban para una cesárea de urgencia. Recibió una transfusión sanguínea y el niño nació, aparentemente, sin ninguna complicación.
Soy de la firme convicción de que no hay coincidencias en esta vida. Esa vez, todo el mundo estaba en el lugar y momento preciso para salvar a estas personas. La vida es como una serie de situaciones que, como engranes, se entrelazan para obtener un resultado.
No me canso de asombrarme...
Pamela





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