“Pesadilla”, “cementerio”, “holocausto”. La terminología usada para referirse al contexto migratorio en México refleja la crisis humanitaria que se está desarrollando en el país, y que se extiende a nivel mundial: se estima que 40% de los que intentan cruzar el Mediterráneo mueren al hacerlo[1], otros tantos pierden la vida sofocados en trenes de carga, deshidratados en desiertos fronterizos, o empujados desde trenes.
Esta situación global revela graves retos de tipo humanitario. Sin embargo, en su mayoría, el financiamiento de fundaciones privadas, instituciones públicas o agencias internacionales de cooperación no cuenta con una perspectiva integral en la temática migratoria, que permita a las organizaciones de la sociedad civil (OSC) que trabajan para personas migrantes, solicitantes de asilo y refugiadas brindar soluciones adecuadas a los exhaustivos retos que enfrentan.
