Geovanna Prado Prone
Desarrollo de Proyectos
En un escenario donde el enfoque económico es el motor del desarrollo y las sociedades son cada vez más desiguales, se hace necesario el nacimiento de un nuevo paradigma cuyo centro sea el ser humano. Nadie debería estar condenado a una vida de carencias y sin oportunidades, en donde no quepa posibilidad de cubrir necesidades básicas como la alimentación, educación, vivienda y empleo digno, para sí mismo y sus familias. El desarrollo humano se centra en el reconocimiento de la gente, sus capacidades, su experiencia, su cultura, su energía y su capacidad de innovación.
Desde esta perspectiva, “el Desarrollo Humano trata de reivindicar el universalismo esencial de valorar la vida humana por sí misma” . Consiste en potencializar la capacidad del hombre sin importar el contexto en el que se encuentre; de aquí emerge la preocupación por la equidad y la relevancia de las formas en que se producen y distribuyen las oportunidades.
El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, ha elaborado un Índice de Desarrollo Humano (IDH) que mide el nivel de calidad de vida que un país proporciona a sus habitantes. El IDH considera principalmente las siguientes variables: esperanza de vida, tasa de alfabetización, educación, y PIB per cápita. Según la medición de 2011, México es el país número 57 con mejores condiciones para vivir. Pero ¿quién puede tener acceso a estas condiciones?
Ante este panorama, las personas migrantes y refugiadas deberían tener a todos sus derechos por el simple hecho de ser personas. Sin embargo, su situación migratoria CONDICIONA el acceso a ellos. Una persona extranjera sin documentos, o en proceso de obtenerlos, presenta mayores dificultades para acceder a los servicios públicos básicos, por tanto, se dificulta su integración local y su participación en la toma de decisiones de las problemáticas que les conciernen.
Siguiendo esta línea, medir el nivel de desarrollo humano de los habitantes de un país supone la integración de las personas que lo conforman ¿pero qué pasa con todas aquellas personas extranjeras que llegan a otro país? ¿Cómo se puede medir su desarrollo humano durante el proceso de integración? Estas interrogantes van más allá de garantizar el acceso a los derechos humanos, implican transformar la percepción de la sociedad para lograr que las personas migrantes y refugiadas tengan las mismas oportunidades y calidad de vida que el resto de los ciudadanos de un país, sin importar su condición migratoria. Va más allá de la situación diferenciada entre países y su nivel de desarrollo humano; tiene que ver con crear las condiciones necesarias de igualdad para el crecimiento personal.
De esta manera, el desarrollo humano es desarrollo que no solamente genera crecimiento económico, sino que distribuye sus beneficios equitativamente y que fortalece a la gente en lugar de marginarla. Prioriza a los grupos más vulnerables, aumentando sus capacidades de elección y sus oportunidades, y da lugar a su participación en las decisiones que les afectan. El desarrollo humano es un proceso pro-pobres, pro-naturaleza, pro-empleo, pro-mujer y pro-niños.
El Desarrollo Humano es un proceso PRO-PERSONAS, cuyo enfoque debe regir la formación de políticas públicas que reivindique las capacidades del ser humano.

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