Por Luis Méndez
Madrid.- En un país tan futbolero como España, son muchos los aficionados que están desconcertados por los altibajos que sufren escuadras como el Real Madrid y el Barcelona, que han tropezado inexplicablemente en el inicio de la liga española al perder o empatar con equipos débiles tras haber tenido un desempeño espectacular en la jornada anterior.
Tampoco entienden los hinchas cómo es posible que clubes con inversiones multimillonarias sean frenados en seco por equipos que cuentan con presupuestos muy modestos, como le ocurrió al Real Madrid al perder ante el Levante y empatar recientemente con el Santander.
Los seis goles que los merengues propinaron en la última jornada al humilde Rayo Vallecano, que se halla prácticamente en quiebra, saben a poco cuando la hinchada espera una campaña galáctica.
También el poderoso Barcelona, aunque con menor frecuencia, encuentra a veces la horma de su zapato en equipos con presupuestos diminutos en comparación con la cartera de gastos que maneja el club catalán.
Para estos baches, los expertos sólo pueden barajar hipótesis que apenas sirven para explicar los apagones que afectan repentinamente a los gigantes del futbol español, sobre todo al Real Madrid.
Que si el cansancio, que si las divisiones en el vestuario, que si el exceso de confianza, que si las expulsiones de jugadores clave etc, etc.
Por si faltaran ingredientes en un campeonato en el que a merengues y azulgranas les está costando permanecer en las primeras posiciones de la tabla, a pesar de que los expertos anticipaban una bipolaridad en la liga ante la manifiesta superioridad de los dos grandes, el técnico madridista, José Mourinho, se ha convertido en una fuente inagotable de titulares incendiarios.
El entrenador merengue no sólo suelta cartuchos de dinamita a diestro y siniestro cuando tiene oportunidad, arremetiendo contra técnicos y jugadores de otros equipos, sino que lejos de asumir la desigual trayectoria de su equipo, se ha especializado en culpar a la prensa y a los árbitros de los males que planean sobre el club merengue en un comienzo de liga más que irregular.
Algo inédito en España, ya que históricamente a los árbitros se les ha reprochado precisamente su favoritismo hacia los equipos más poderosos de la liga, como el Real Madrid o el Barcelona.
El estilo de Mourinho, contrasta con el del técnico del Barcelona, Josep Guardiola, que se distingue por sus comentarios medidos y su fair play, tanto en la cancha como fuera de ella.
Pero más allá de las conductas de los técnicos, son los imprevistos fracasos de los grandes a manos de equipos austeros los que están aportando la auténtica pimienta de la liga 2011-2012.
En un mundo tan mercantilizado como el del futbol, con presupuestos de vértigo y en el que en demasiadas ocasiones los intereses económicos prevalecen sobre los deportivos, se agradece la aparición en la cancha de ese David que una vez más, y contra todos los pronósticos, acaba con el Goliat de turno a golpe de coraje.
Hay que disfrutar en lo que valen estas hazañas de los liliputienses de la liga ibérica, ya que todo indica que no durarán demasiado.
Es más que probable que a medida que avance el campeonato se vaya imponiendo la ley de los fichajes millonarios y que al final los titanes acaparen las primeras posiciones de la tabla, como sucede desde que el futbol español entró en un mercadeo que los propios aficionados consideran tan perjudicial como disparatado.




Mou hace unos meses: "Cuando mi equipo pierde, pierdo yo, no mis jugadores." Mou hace unas horas: "Culpo al árbitro y a Khedira." Este es el ídolo que "sincero, honesto y sin pelos en la lengua" de algunos iluminados. Podría fundar una secta perfectamente, fanáticos irracionales no le faltaran.
Publicado por: Apuestas deportivas | viernes, 28 octubre 2011 en 06:09 p.m.