Por Luis Méndez
Madrid.- Los motines legendarios, en los que un grupo de reclusos se armaba de coraje y decidía hacer frente a los abusos de las autoridades de la prisión, parecen haber pasado a formar parte de la historia, al menos en España, luego de haber alimentado durante décadas al mundo del cine que con tanto éxito retrató estas rebeliones hasta el punto de que el espectador acababa solidarizándose con la causa de los reos maltratados. Las condiciones en las cárceles ibéricas han cambiado tanto en los últimos años que las protestas de los internos no están motivadas ya por el castigo sistemático de los celadores o la crueldad del director de la prisión, sino por causas mucho más mundanas como la interrupción fortuita de las emisiones de un canal de televisión dedicado al futbol.
Según el portavoz del sindicato de la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF), Cristian Pérez, el incidente se produjo cuando los jóvenes reclusos hicieron "dos plantes, que se consideran premotines" luego de comprobar que no funcionaba el canal televisivo de paga y suponer que había sido suprimido por la dirección de la cárcel, cuando en realidad todo obedecía a una falla técnica.
El detonante del malestar de los jóvenes internos fue el apagón del canal que transmitía los partidos de futbol, lo que se interpretó como un recorte de gasto por parte de la dirección del presidio, en sintonía con los ajustes que se están llevando a cabo en toda España debido a la grave crisis económica.
A las 24 horas sin futbol, los internos de Quatre Camins se enzarzaban en una pelea entre los que querían mantener el canal de pago y los que se oponían a este tipo de retransmisiones deportivas por considerarlas innecesarias.
Finalmente, las autoridades mediaron, explicaron los motivos de la falla y los incidentes se resolvieron, por lo que los reclusos accedieron a entrar a cenar tras negarse previamente a comer y haber protagonizado un conato de rebelión en el patio de la cárcel.
Fuentes del Departamento de Justicia terciaron en la polémica y anunciaron que no se han planteado eliminar el canal de pago de Canal+ del que disponen las cárceles de Cataluña, porque el gasto es menor y lo consideran beneficioso para la población penitenciaria, que en esta región del noreste español supera los 10 mil 500 internos.
Por supuesto, no faltan los ciudadanos que a la luz de lo sucedido en la prisión catalana consideran que a los reclusos españoles se les consiente demasiado, aunque no haya privación de libertad placentera por más endulzada que se presente.
¡Qué lejos quedaron aquellas revueltas épicas, teñidas de dramatismo, en las que un puñado de presos lideraba un motín justiciero contra los abusos de una dirección que carecía de escrúpulos y que se ensañaba con los reclusos!.
Ahora, el detonante del descontento carcelario es un simple apagón de las retransmisiones de una justa deportiva. En este caso además, la revuelta ni siquiera se puede adjudicar a la tiránica decisión de los de arriba, lo que le daría cierto lustre, ya que la mecha la encendió una vulgar avería técnica que nadie deseaba salvo los antifutboleros de la prisión.




Comentarios