Por Ángel Villarino
Beijing.- De la mano del desarrollo económico, los ciudadanos de las grandes urbes chinas viven hoy mucho mejor de lo que nunca soñaron sus abuelos, un progreso que salta a la vista observando indicadores de los que no se habla tanto como del Producto Interno Bruto (PIB) o de la renta per cápita.
A principios de mes se hicieron públicos, por ejemplo, los últimos datos sobre la esperanza de vida en el gigante asiático. Por primera vez, una ciudad de la china continental, Shangai, superaba a Hong Kong.
Los habitantes de Shangai viven una media de 82.51 años, siendo ya una de las metrópolis más longevas de Asia. Mientras, en la ex colonia británica que ha sido siempre símbolo del progreso para los chinos, se nace hoy con una expectativa de vida de 82.12 años. En México, por ejemplo, la cifra se sitúa sobre los 76.6 años.
No se trata sólo de vivir mucho, sino de vivir bien y tener oportunidades. El año pasado, Shangai apareció retratado en varios informes como promotor de uno de los mejores sistemas educativos del mundo, superando a la mayoría de países europeos.
Las mejorías en la dieta, en los servicios sanitarios y en la calidad de vida en general se notan incluso en la altura media, que ha aumentado en torno a los 10 centímetros desde que iniciaron las reformas de mercado a finales de la década de los 70.
Pero aunque el progreso económico está alcanzando lentamente todos los rincones del gigante asiático, en las zonas rurales avanza mucho, mucho más despacio.
Así, mientras los empadronados en Shangai pueden superar sin dificultades los 82 años, la esperanza de vida media en el país baja hasta los 74.84. La disparidad de las cifras obedece al abismo que media entre campo y ciudad, uno de las más abultados del planeta.
No sólo los granjeros y agricultores, sino también los obreros de las fábricas y los albañiles que levantan los rascacielos en las ciudades suelen estar empadronados en el campo y computan como tal en las estadísticas.
La separación entre una ciudadanía urbana de primera y un campesinado/proletariado de segunda está marcando fuertemente el carácter de la nueva China.
Una vez más, los indicadores cantan. Así, los chinos del campo son cerca de 5 centímetros más pequeños que los de la ciudad.
Hace unos meses supimos que, por primera vez en la historia, China tiene ya más población urbana que rural. Pero siguen quedando más de 600 millones de campesinos que viven menos, se educan peor e incluso son más bajitos que el resto.




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