Por José Díaz Briseño
Washington.-
Todo viajero internacional a Washington DC debe agradecer a la peor crisis económica de las últimas décadas haber traído un regalo largamente añorado al principal aeropuerto de la capital de Estados Unidos: el tren del metro.
A pesar que no estará listo hasta 2016, el mero anuncio de la llegada del metro este año rompió el sentido de aislamiento del Aeropuerto Internacional de Dulles, ubicado a 42 kilómetros en un reciente polo de crecimiento del Norte de Virginia.
Inaugurado en 1962 por el Presidente Lyndon Johnson, y considerado durante mucho tiempo un elefante blanco en medio de una extensión de 47 kilómetros cuadrados de bosque, Dulles careció desde su inicio de un sistema masivo de transporte.
Centro de las llegadas internacionales aquí desde capitales como México DF hasta Addis Abeba, en Etiopía, los viajeros internacionales aterrizando en Dulles deben lidiar aún ya sea con el servicio de un caro taxi o con un poco práctico autobús.
Sin opción para llegar al más cercano Aeropuerto Reagan, los pasajeros internacionales deben, en Dulles, pagar 51 dólares en el taxi de una hora a Washington o esperar el intermitente autobús, de 9 dólares, que en 30 minutos conecta con el metro.
A diferencia de otras grandes capitales del mundo, la llegada de un sistema masivo de transporte tardará más de 50 años en llegar al aeropuerto de Dulles, e irónicamente gracias a la presión por construir infraestructura motivada por la crisis económica en el país.
Sólo siete meses antes de la histórica caída de los mercados en Wall Street, la idea de llevar el metro a Dulles estaba considerada prácticamente muerta ante el exorbitante costo de 3 mil 400 millones de dólares para construir más de 18 kilómetros de vía.
Sin embargo, en marzo de 2009 y gracias al masivo Plan de Rescate Económico aprobado en el Congreso, el Gobierno Federal del Presidente Barack Obama liberó 900 millones de dólares cruciales para construir el metro a Dulles.
La crisis finalmente logró hacer más cómoda la vida al viajero.
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