Por Octavio Pineda
Bogotá.- El Presidente Juan Manuel Santos se ha referido a la restitución de tierras en marcha, que busca devolverlas a quienes fueron despojados de ellas por la violencia, como una suerte de "revolución agraria" que estaba pendiente en Colombia desde hace décadas.
"Esta revolución agraria que queremos realizar no es una revolución entre campesinos y terratenientes ni entre ricos y pobres, es entre legales e ilegales", ha dicho Santos.
Incluso el escritor mexicano Carlos Fuentes se ha referido a esta ambiciosa empresa como una reforma agraria colombiana. "Santos -como (Lázaro) Cárdenas en México- les ha dado la tierra, no los narcotraficantes, que así pierden su clientela agraria", comparó el autor.
A punta de fusil, guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes han despojado y desplazado a miles de campesinos de sus tierras, lo que ha contribuido a la concentración de la propiedad agraria. Y devolver las tierras a sus legítimos dueños tiene un efecto redistributivo equiparable a una reforma agraria, reconocen algunos analistas.
Pero otros expertos aclaran que el caso colombiano es distinto al de países como México, donde la revolución agraria, bajo el lema "La tierra es de quien la trabaja", ha tenido ante todo un efecto redistributivo y no de restitución a sus legítimos dueños.
"En un país donde no ha habido un conflicto como el de Colombia, el problema de la propiedad de la tierra tiene que ver con su distribución, quién la trabaja, quién se beneficia de la renta del suelo", expuso el analista Rodrigo Pardo.
"Pero en Colombia el asunto es distinto, porque tiene que ver con que dueños legítimos perdieron su tierra por alguno de los actores del conflicto", añadió.
Rafael Mejía, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), hace ver que la tenencia de la tierra es apenas el primer eslabón de la cadena productiva, en la que pesan otros factores, como qué se hace con esa tierra y cómo se articula su producción con los mercados, sorteando una muy deficiente infraestructura de transporte en una geografía difícil.
"Aquí lo importante no es sólo tener la tierra, sino qué se va a hacer con ella", atajó Mejía.
El líder gremial advierte que al recuperar sus tierras, muchos desplazados pueden venderlas, arrendarlas o trabajarlas, lo que incluye a muchos asentados en las ciudades que no necesariamente quieren volver al campo.
"Para trabajar la tierra hay que buscarle un apoyo técnico y económico que sea rentable, pues no quieren volver a la misma pobreza de antes", anotó.
Mejía recordó que en Colombia hay muchas tierras ociosas, incluidos los más de 3 millones de hectáreas que ha recuperado el Gobierno de manos de actores armados ilegales.
"El problema de infraestructura es sobre todo en carreteras primarias, secundarias y terciarias. Son una necesidad, porque aquí se acabaron la navegación en los ríos y los ferrocarriles", recordó Mejía, situación que encarece mucho el transporte de productos y les resta competitividad.
Otra peculiaridad de Colombia es que sus pequeños productores poseen apenas entre una y dos hectáreas, lo que dificulta las economías de escala si no se asocian entre ellos.
De los 46 millones de habitantes que tiene Colombia, los que se dedican a actividades rurales alcanzan 14.5 millones, es decir, casi la tercera parte de la población, según Mejía.
Y según estadísticas oficiales, la pobreza y el desempleo son más graves en las zonas rurales que en las urbanas.
"Si no hacemos lo que se está haciendo con la restitución de tierras, nunca va a haber paz en Colombia, pero hay mucho camino por recorrer", dijo Mejía.
Luzdary R. es una desplazada por la guerrilla del norte del departamento del Tolima. Y mientras revisa, en una oficina en Bogotá, si una ayuda económica del Gobierno ya está lista, se queja: "Hay que tener mucha paciencia para que le cumplan a uno con la ayuda, es muy lenta. Ojalá todo fuera más ágil".




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