Por David Barrios
Los sexólogos hemos eliminado de nuestro vocabulario la palabra “impotencia” para referirnos a las distintas disfunciones de la vida erótica de los varones. Esto obedece a dos razones: en primer lugar, ese arcaico concepto es del todo inespecífico, no describe sino que califica adversamente al hombre que tiene algún trastorno de su respuesta sexual.
En segundo pero no menos importante, denominar “impotente” a alguien es decirle que no puede o que no sirve, lo que coadyuva a acentuar el malestar y el estigma. Así, es un término que resulta tan nefasto como el de frigidez femenina.
Por ello preferimos hablar de disfunciones eróticas específicas y declarar que la llamada impotencia, igual que la frigidez, no existen.
Una de las disfunciones que más acarrea la atención del gran público es, indudablemente, la que afecta la erección.
Aunque los mecanismos que producen la erección no han sido descubiertos del todo, sabemos actualmente que un estímulo erótico eficaz (caricias, actividad de los órganos de los sentidos, recuerdos, fantasías) propician que algunas neuronas liberan una sustancia llamada óxido nítrico (ON), mismo que también es liberado por los vasos del endotelio del pene. Esta sustancia, a su vez, forma una segunda sustancia llamada GMP cíclico. Es este último componente el que origina fisiológicamente la erección al favorecer que el pene se llene de sangre y adquiera rigidez; asimismo, se ocluye el mecanismo de retorno venoso, lo que impide que la sangre salga del pene mientras dure la erección. Posteriormente, una enzima llamada fosfodiesterasa-5 destruye al GMP cíclico, con lo cual, luego de que sobreviene la eyaculación, se produce la flacidez.
Para que un varón tenga erecciones de calidad, se requieren cuatro condiciones: adecuados niveles hormonales, integridad de los nervios periféricos, buen aporte de sangre a los órganos pélvicos y tranquilidad emocional.
La incapacidad persistente para lograr o mantener una erección suficiente para un satisfactorio encuentro sexual, se denomina con propiedad disfunción eréctil, la cual suele producir en los varones decremento de la autoestima, un pobre autoconcepto de virilidad y en muchos casos francos estados depresivos. Los problemas en la dinámica de relación de pareja también son frecuentes.
En general, todos los hombres alguna vez hemos pasado por algún episodio de falta de erección, pero cuando estos episodios se repiten continuamente, se trata de una verdadera disfunción y para su adecuado tratamiento vale la pena buscar las causas que la originan. Hay disfunciones primarias(cuando el hombre en cuestión nunca ha experimentado una erección) y disfunciones secundarias(cuando se presentan después de haber logrado tener y mantener erecciones exitosas durante algún tiempo).
Las primarias comúnmente están asociadas a alguna cuestión fisiológica o a algún conflicto psicológico severo.
Las secundarias con mayor frecuencia resultan consecuencia de padecimientos crónicos como diabetes mellitus, hipertensión arterial, cantidades elevadas de grasas circulado en sangre, síndrome depresivo, hiperplasia prostática, diversos trastornos vasculares y por daño de los nervios periféricos, entre otros.
Se calcula que alrededor del 50 por ciento de los hombres mayores de 40 años tiene algún grado de disfunción de la erección .El trastorno de la erección en hombres jóvenes o muy jóvenes, sea de tipo primario o secundario, está vinculado más frecuentemente a ansiedad, temor al desempeño y auto-observación (“cuando mejor quiero quedar con una pareja sexual, es cuando peor quedo”), pues se bloque cerebralmente la respuesta eréctil.
Los principales factores propiciatorios en la disfunción eréctil son: tabaquismo, alcoholismo, vida sedentaria, dieta abundante en grasas o escasa en anti -oxidantes, así como ausencia de ejercicio físico.
¿Cómo reconocer fácilmente que un hombre tiene disfunción eréctil?
Existe una clasificación llamada escala de firmeza de la erección que es un recurso sencillo para dar respuesta a esa pregunta:
Si la erección es firme y sostenida, permitiendo con facilidad la penetración, el grado es 4 y no hay disfunción. Si hay firmeza regular pero le falta consistencia para efectuar satisfactoriamente el coito, el grado es 3 y estamos en presencia de una disfunción leve. Cuando la firmeza merma de tal suerte que no se podría penetrar, el grado es 3 y corresponde a una disfunción moderada. Si el pene sólo aumenta un poco de volumen pero carece de rigidez, la disfunción es severa y se clasifica como grado 1.
En la actualidad existen terapias muy exitosas para la disfunción eréctil. Algunas de probada eficacia para los casos ansiógenos y mixtos (en los que hay factores orgánicos y emocionales presentes) son de carácter psicoterapéutico y sirven para construir o reforzar la confianza en el desempeño sexual, reforzar la autoestima y ampliar el repertorio erótico de los hombres, que a menudo es burdo y limitado. Otro recurso magnífico para la mayor parte de los casos de causa orgánica, son los fármacos orales (en tabletas) conocidos como inhibidores de la fosfodiesterasa-5, de los cuales el más popular es la famosa pastilla de color azul.
Para quien desee profundizar en la información aquí vertida, se recomienda un libro del que esto escribe: La molécula que revoluciona la sexualidad, de editorial Alfil.
davidbarriosm@caleidoscopia.com









