Por Elia Martínez-Rodarte
Las relaciones de pareja también son relaciones de poder. El dicho “manda quien quiere menos” es una de las más dolorosas citas que se pueden dar sobre este hecho, porque revela muchísimas cosas y aquí hemos hablado de cómo la gente se marranea del control que posee sobre sus queridos o quienes les quieren.
El dominio de una persona sobre la otra. El ansia y ganas de un@ de los involucrad@s por complacer al otro a toda cosa por miedo a perder su amor o consideración. El abuso de quien manda o manipula a su favor, sin importarle los derechos de su pareja ni su dignidad tampoco. La seguridad del que maneja la relación para plantarse en sus reales e ignorar por completo la voluntad del otr@.
Y cuando al mandón o mandona mamila, tarde o temprano se les rebela su esclav@, es el momento en donde los egos se derrumban. Porque nadie sabe lo que tiene…hasta que no cuenta con nadie que le haga los mandados.
Ya les había contado de algunas europeas que se la pasan mangonendo sus maridos o novios, tratándolos como garras y como a sus burros de carga. He ahí, que cuando vienen algunos especímenes masculinos de allá, y se dan cuenta de que somos bien dulcecitas y un poco más docilitas, pues se prenden de la carne mexicana.
Ya después se dan cuenta de que hay otro tipo de empoderamiento femenino acá y que nuestro avance hacia la mandones es diferente, taimado y de bajo impacto a veces, pero sin duda siempre habrá dentro de la vida en pareja alguien que vaya blandiendo permanentemente el látigo.
Ha unos días vi el vergonzoso espectáculo, en verdad pena ajena, de una mujer que se le pasó la noche emborrachándose, lo cual no es ningún delito, pero lo que sí es indigno, fue cómo traía a su bato en la mesereada.
Como varios de sus amigos y compas estábamos frente a él, con sus últimos arrestos de macho, se negó a traerle tragos a su vieja. Sin embargo sabíamos que llegandito a su casa, así le iba a ir.
Cuando estamos en pareja debemos asumir que:
La persona que se encuentra con nosotros lo hace por su voluntad y todo lo que haga para agradarnos, es porque le importamos. El abuso del consumo de este cariño deviene en roturas a veces insalvables de una relación.
La cortesía es una forma orgánica de acolchonar la convivencia. Además yo vivo en español. Habito en México y aquí me criaron. Así que decir por favor y gracias son las formas corteses más elementales e infaltables, porque nadie nació con la gracia para pedir todo lo que se le antoje y se le cumpla, nada más por sus lindos cojones/ovarios. En otros países les vale, y a mí me vale que les valga, pero la pareja siempre debe de conducirse con cortesía. Aunque se odien y no se toleren. Lo cual sucede muy frecuentemente.
Si van a humillar, exhibir, demostrar su poderío o a ostentar ante el mundo que ustedes son quienes llevan la rienda de ese congal en la relación, piensen dos minutos en el hecho de que esa pareja es el reflejo de decisiones que ustedes también tomaron.
Una mujer u hombre que es permanentemente mandado y apaleado, es una entidad que está guardando mucho rencor y violencia en su ser. Tarde o temprano esa bomba estallará en la cara, destruyendo la relación, el cariño, el poco respeto que quedaba y hasta las buenas maneras. También las cárceles están llenas de gente harta de sus parejas.
No es tarde para corregir rumbos. Si eres una o un mandón incorregible, que pide todo con órdenes y gritos, y que considera como esclav@ a su pareja, detente a tiempo y replantea tu trato. Quizás todavía haya algo de amor y respeto para ti que puedas salvar, y con suerte, transformar ese miedo que te tienen en cariño y apego.
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