Por Elia Martínez-Rodarte
El filósofo alemán Karl Marx escribió que el nivel de civilización de cualquier sociedad se mediría por la valoración de las mujeres dentro de la misma.
En México todavía existen hombres y mujeres que no valoran al ser femenino, porque creen que ésta debe de cumplir una serie de roles que la determinan por su sexo género.
Todavía se cultiva el sinsentidos de que una mujer debe llegar virgen al matrimonio. Que debe de casarse para poder procrear. Los hijos fuera del matrimonio son muy mal vistos y las madres solteras, pese a ser una fuerza económica poderosa en el país, son criticadas. Ash…Yo soy madre soltera y quisiera ver al o la papanatas que se atreva a criticarme. Incluso llamarme a mí misma con ese apelativo cursi, sobrante de las mentes enfermas de siglos decadentes, me da...flojera.
Pero así como se cumplen roles para “lo que la mujer debe ser”, también hay una serie de prejuicios sobre los estadios de una mujer como las madre solteras o las divorciadas y separadas.
Platicando con un grupo de señores, se lamentaban de que por su barrio no había muchachas o mujeres con quien ligar o salir, sólo había un par de madres solteras y algunas divorciadas…Las apestadas, claro.
Las divorciadas, madres solteras y similares son, para estos señores, mercancía usada. Bajo el razonamiento de mi abuela materna de que “la mujer sólo vale una vez”, que seguramente otras muchas abuelas machistas y misóginas utilizaron en el pasado, estos hombres argumentan.
La virginidad como valor, el pudor y la castidad como cualidades de una mujer “honesta”, y todos esas tachas de antaño que acotaban a las damas, han forjado la idea de que quienes ya han pasado por el colchón de un hombre, le deben algo a la sociedad, por lo que al divorciarse o vivir como mamás solteras, deben conducirse con decencia. Cosa que jamás se le pide a un hombre, ni antes ni ahora.
No voy a arrancarme en tercera atacando a abuelas, señores y mujeres machistas de toda calaña. Su educación en el pasado así fue, fallida e inexacta, y nos heredaron un sistema patriarcal que ahora padecemos. La iglesia y algunas religiones, con su proverbial odio hacia las mujeres, también han fomentado mucho esta actitud de condena hacia las señoras que no cumplen los roles dictados por la moral y buenas costumbres establecidos ellos mismos, para su conveniencia.
Era lo que había como constructo educativo, pero ahora que hay un poco más de equidad y alguna información, poseemos la enorme oportunidad de transformar nuestros esquemas.
Por ello me sorprendió mucho la actitud de esos individuos. A su edad, ya maduros y a punto de la disfunción erectil, argumentando esos sinsentidos. Me pareció muy triste.
Luego me platicó una amiga, que recién se ha divorciado, que una de sus tías mayores le dijo: “mi hijita, cuídate mucho porque ahora que estás divorciada todos van a creer que andas cargando el colchón en el lomo”.
¿Cuándo vamos a comprender que el valor de una persona no se tasa por su vida sexual o el número de parejas sexuales?; ¿nos quedará claro algún día que quienes se divorcian o se separan o son padres o madre solteros son gente que ha tomado una decisión muy respetable?; y lo más elemental, básico:
¿dejaremos de meternos en lo que no nos importa? Porque si mi primo Ramiro se sale del clóset, si mi vecina de embaraza tras haberse follado a un equipo de futbol y si mi jefe se divorcia para casarse con su secretaria, son cosas que aunque yo sepa y hasta me preocupen, no son algo en lo que me deba de meter.
En las redes sociales un pobre individuo escribió que nos iba a pasar los datos de una “divorciada” que andaba buscando amigos…Cuando le dije que eso se llamaba trata de blancas, algo se le frunció, se hizo el enojado y se desvaneció con toda su insensatez. ¿En serio todavía hay hombres así?
Vamos a reflexionar para cambiar. Para vivir en equidad y sobre todo, para no dejar en el mismo estado de idiotez a las criaturas que heredarán este valle de lágrimas. Vivamos en equidad.
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