Por Elia Martínez-Rodarte
Con todo respeto, los caballeros han hecho mucho trabajo de tolerancia y paciencia con nosotras en muchas ocasiones. Que han sido resarcidas, a su vez, en los tiempos en los que a nosotras nos toca testerearlos, cuando andan goteando testosterona.
Pero asimismo tienen el mal tino de hacer preguntas inapropiadas que rayan en el mal gusto, en especial si son celosos, lo cual es bastante ridículo.
Por ejemplo, ese caso cuando van caminando en pareja por la calle y se encuentran a un individuo que saluda a la chica. Hay hombres tan inseguros que de inmediato te miran y espetan sin ninguna educación: ¿Te lo tiraste verdad?
¿Qué respuesta puede dar una en ese caso, más que quedarse lela? Haya o no habido fornicio con el del saludo, el tipo ya tiene en su cabeza la idea fija de que en verdad te tiraste al bato. Sólo te pregunta para ponerte en evidencia. Como pidiendo: dime que sí te lo echaste, para que se me encienda el genio.
Todas las inseguridades brotan con estas escenas de celos y de comedia de pastelazo. Porque además de preguntar insensateces como ésas, al mismo tiempo en su mente, se va formando una nube morbosa que les lleva a indagar sobre nuestra vida sexual anterior a ellos. Como si no operase la lógica.
Cuando un tipo se pone a competir con lo que en tu vida ya fue, estamos en graves problemas. Qué gana, además, preguntando si nos gustaba como follaba aquel o ¡cómo la tenía!...Puede parecer exorbitante todo lo que escribo, pero es que los celos y la inseguridad poseen límites que rondan en la patología. Celotipia se llama.
Una vez una lectora me contó el momento en que la cacharon en la cama con un tipo con el que andaba liada. Tras el escándalo, su pareja la interrogó sobre el affaire, pero sólo le preguntó detalles de su vida sexual con él. Con la vara que mides…
Preguntarles a las mujeres sobre los exnovios, quién fue el primero, cuál te gustó más, cuál fue el que te dolió más, es sólo una labor de arqueología emocional innecesaria. Ella te va contar todo lo que necesites saber. Las mujeres cargamos con muy poco cuando aprendemos a confiar.
Esos celos e inseguridades de macho tardío, son sólo productos de la imaginación y del inmenso daño que ha hecho la cultura patriarcal en nuestro país. La morra no es de ustedes compañeros, ella nada más les acompaña. La muchacha también ha vivido una larga vida, llena de novios que se la tiraron bien rico (espero…) y ahora se está dando la oportunidad de quedar bien contigo. En el fondo eso es lo que tod@s queremos cuando estamos en pareja. Sea lesbiana, gay, buga, no importa. Estamos en el mismo intento desesperado de ser felices. Aysh ya, y a continuación una lágrima…
Indagar sobre el pasado de una mujer, siempre va a alimentar las inseguridades de los hombres que a lo mejor ni tenían. Si en la plática sabrosa sobre sus exes, aquella menciona que tal tipo poseía una buena herramienta, probablemente cause en su actual pareja un daño irreversible. Hay cosas que no se pueden componer (ni agrandar…)
En el caso de las mujeres cuando indagan sobre la vida pasada de sus hombres, obran otros misteriosos patrones y ejecutan acciones estrambóticas. Hay mucha loca suelta y con igual número de inseguridades y celotipias.
Pero a ellas las amasaremos con calma en otra entrega.
Si lo analizan detenidamente, tod@s dejamos una impresión en cada una de nuestras parejas y tenemos derecho a ese pasado, porque es lo que nos ha construido. Pensemos en ello ahora: somos nuestra historia. Nuestras parejas son el producto de lo que vivieron y en este momento, compramos todo el paquete para averiguar de qué va su propia historia. Así que a la hora de contar ahórrense los detalles morbosos. Es por su bien.
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