Por Elia Martínez-Rodarte
He escuchado este comentario desde que soy una mujer con ciertas entendederas y aún no lo comprendo: ya es tiempo de que yo tenga un bebé. Menos lo acepto cuando lo escucho proveniente de damas de probada sabiduría.
Las razones de ese impulso son diversas: porque se les pasa la edad, porque sienten el llamado de la naturaleza (y de la selva), porque su madre les dijo que era la hora en ese preciso instante de que su matriz se ocupe, porque sus hermanos les dicen que son unas quedadas. Todo ello ante la sentencia de que: matriz que no da hijos, da tumores. Ash...
A veces me marean las sentencias de las abuelitas. Sé que son ciertas algunas y que en la mayoría funcionan no porque sean veras, sino porque son repeticiones taladrantes de verdades a medias. Me recuerdan al nefando propagandista de los nazis, Herr Josep Goebbels. Tiraba una vez y otra el mismo choro hasta que la masa alemana acababa idiotizada creyéndole.
Pero a lo que nos ocupa: ¿en verdad las mujeres debemos a fuerza parir criaturas? Al casarnos, ¿es nuestra obligación empezar ipsofactamente la reproducción? Al arrejuntarnos, ¿debemos darle a la patria l@s hij@s que nos demande? ¿Dónde dice que nuestras matrices son máquinas y que mientras funcionen deben estar echando vapor y bebés?
Resulta obsoleta esa idea de que las mujeres que no se casan o arrejuntan, deban de parir una criatura tan pronto vean que ya les está llegando la menstruación una sí y otra tampoco. O cuando creen que están por acabárseles las oportunidades de ligue (esas ancianas de 34 años...), o en el momento en que la gente ya empieza a señalarlas como quedadas, saltadas, dejadas, divorciadas, separadas o cualquier otro menosprecio. Eso y el pateado cliché de que “soltero maduro, joto seguro”, me tienen los ovarios desgastados de tanto lugar común. (Perdón por la vulgaridad de poner joto).
En este mundo nadie posee la obligación de nada. Ni de casarse, alumbrar hijos, o cumplir cualquier función institucional que la sociedad les demande. Ni por raza, religión, género o clase social.
Me parece demasiado estrés para cualquier mujer en edad fértil o no fértil sentirse obligada a cumplirle a la especie, como si no fuéramos ya suficientes.
Creo firmemente que la maternidad es un lujo. Pero por lo caro que es traer bebés al mundo, y luego rifártela educándolos, tratando de que se traumen lo menos posible. Porque de que los padres le pasan a jorobar la existencia a l@s hij@s es un hecho y no es culpa de nadie. No nacemos sabiendo un ápice sobre crianza. Es difícil la maternidad/paternidad en cualquier circunstancia.
Me enternece la terquedad y lo tenaz que resultan las mujeres, y hablo de chavas de 24 a 50, que viven en una constante preocupación por sus tiempos fértiles y de maternidad, porque creen que esta función propia de nuestro sexo es un paso en su vida que no deben saltarse, porque si no ya no son mujeres completas.
Pero más me sorprende aún que los hombres no cooperen por quitar ese trauma a sus chavas y mujeres. ¿Por qué forzarlas a reproducirse?, ¿por qué idealizar la maternidad en un mundo que a todas luces es cada vez más bizarro y más explosivo (literalmente)?
Las conmino, hermanas, comadres y damas, a que piensen en qué momento van a prender el horno. Que cuando esté calientito y punto para hornear el primer bebé, sea porque un universo entero está apuntalado. Porque es tu voluntad y asumes las consecuencias.
Todas las historias de horror sobre bebés chillones en la madrugada y la incomodidad de una preñez son ciertas.
Pero el bebé que planees debe ser el hijo de la responsabilidad, de la decisión de la madre (y el padre si hay...) y de un cúmulo de preguntas resueltas. No el cumplimiento de un contrato con la vida que los demás te demandan debes vivir.
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